jueves, 16 de octubre de 2008
martes, 14 de octubre de 2008
Tarde.
Le esperaba sentada en las vías. Si no aparecía, cinco minutos más tarde pasaría el tren. Y ella no pensaba moverse.
Ya no sentía dolor. Sólo cerraba los ojos y respiraba los aromas, cada vez más intensos. Había esperado toda su vida; había esperado demasiado. La mirada perdida, vacía, camino al juicio final. El momento se acercaba despacio, haciéndose eterno. Su corazón palpitaba con furia. Tal vez, palpitaba por primera vez. Unas voces retumbaban a lo lejos, pero apenas si podía oirlas.
Una lágrima recorrió su mejilla cuando se le hizo cierto que el ya no llegaría.
El humo se acercaba y el suelo comenzaba a vibrar. El pitido que en su desesperación alguien hacía sonar, advirtiéndole.
Y entonces le vió. Mientras la luz le alumbraba la cara, él llegaba. Tarde, como siempre.
Y en un efímero segundo, logró sonreir a su amado y a la irónica vida, antes de que un estruendo rojo se la llevara, a la eternidad.
Ya no sentía dolor. Sólo cerraba los ojos y respiraba los aromas, cada vez más intensos. Había esperado toda su vida; había esperado demasiado. La mirada perdida, vacía, camino al juicio final. El momento se acercaba despacio, haciéndose eterno. Su corazón palpitaba con furia. Tal vez, palpitaba por primera vez. Unas voces retumbaban a lo lejos, pero apenas si podía oirlas.
Una lágrima recorrió su mejilla cuando se le hizo cierto que el ya no llegaría.
El humo se acercaba y el suelo comenzaba a vibrar. El pitido que en su desesperación alguien hacía sonar, advirtiéndole.
Y entonces le vió. Mientras la luz le alumbraba la cara, él llegaba. Tarde, como siempre.
Y en un efímero segundo, logró sonreir a su amado y a la irónica vida, antes de que un estruendo rojo se la llevara, a la eternidad.
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