No vaya a ser que se le afecte el autoestima al niño de solo pensar de que ya existieron otros Luises antes que él.
lunes, 17 de enero de 2011
jueves, 6 de enero de 2011
miércoles, 5 de enero de 2011
Recorro, obsesivo, el mismo camino de hace tres años. Piso las mismas baldosas. Primero las blancas, luego las azules. Si no lo hago, vaya a saber que pueda llegar a ocurrirle a la humanidad. El mismo perro negro vuelve a ladrar. Me quejo para mis adentros. No se me ocurre ninguna razón por la cual mi vecina pueda reír tan fuerte, tan temprano. La vecina, que luego de tres años, aún no me reconoce. Vecina que ya he empezado a detestar ya que luego de tres años sin reconocerme, ríe fuerte, sin saber que estoy allí. Que estoy allí, enamorado de ella. Tan enamorado como para recorrer el mismo camino durante tres años tan sólo para llamar su atención.
En un instante blanco, el perro deja de ladrar.La vecina me mira y esboza la sonrisa más amplia que jamás le he visto a nadie. Finalmente lo he logrado.
Asustado, bajo rápidamente la mirada. Por un centímetro, no he pisado la baldosa equivocada.
En un instante blanco, el perro deja de ladrar.La vecina me mira y esboza la sonrisa más amplia que jamás le he visto a nadie. Finalmente lo he logrado.
Asustado, bajo rápidamente la mirada. Por un centímetro, no he pisado la baldosa equivocada.
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