Una habitación en penumbras. Una mesa. Los sollozos de un hombre que hacen eco sin parar. La muchacha que le mira y apenas si sabe como consolarle. Gruesas gotas caen sobre el acebo. La tristeza les pesa demasiado a ambos. Dolores. Corazones rotos. Recuerdos añejos que nunca han sabido irse.
Ahora la muchacha también llora, mientras continúa mirándole. Y sabe, lamentablemente sabe, que ella ya se ha marchado, que ya es demasiado tarde para volver atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario