martes, 4 de marzo de 2008

reflexiones.

Después de todo, ¿no son las imperfecciones mismas, las que hacen perfectas las cosas?

¿No es la duda, la que nos ayuda a saber que estamos en lo cierto?

Después de todo, esto es tan solo una reflexión.

Las ganas de vivir, nos impulsa a seguir haciéndolo. La esperanza, el amor. Elementos intangibles.

El humano es la clase de animal mas desarrollado, o al menos así nos conviene creerlo. Y sin embargo, queda más que claro que la mayoría de su población, se basa en hechos abstractos para sobrevivir.

¿Sobrevivir a qué? Se preguntaran. A la sociedad misma, les respondo.

El hombre de hoy, cómodo en su sofá, se expone a ciertas sensaciones, que no se siente agradable tener, pero al fin y al cabo, cuando algo ocurre y nos sentimos mal, el primer pensamiento, para poder enfrentarlo es: “No seré el primero, tampoco el último” .

El origen de este pensamiento es por lo tanto, el mismo que lo ocasiona. Repito, la sociedad misma. Pues, ¿Dónde están los ilusorios personajes, del primero y el último?

En la masa social.

Somos seres perfectamente capaces de destruir tanto física como psicológicamente a humanos exactamente iguales que nosotros. Iguales en la anatomía eso queda mas que claro, ya que es imposible creer que somos seres idénticos. La psicología no tiene límites.

Entonces, ¿Cómo es que el hombre, tan capaz y racional, basa su conocimiento en razones de la metafísica, y llega fervientemente a creer que hay algo, una fuerza inspiradora de todos los movimientos que nos guían?

¿Es que tal vez la haya?

Somos lo mismo, exactamente la réplica de nuestros antepasados. Las patologías, los pensamientos, los cultos. Todo se repite. Más, menos tecnología, no hace la diferencia.

Lo distinto, en mi opinión pasa a basarse, que nos creemos mejores. Inútilmente, nos convencemos a nosotros mismos de que estamos mejor así. Más cómodos, eso queda claro, pero a su vez más solos.

Expresado queda, que no se puede tenerlo todo, y ahora si la pregunta que nos compete hacernos es: ¿La comodidad, puede, en algun punto sueperar a la paz? Porque dejenme decirles, que si no tenemos a quien contarle como fue nuestro día, de muy poco podrá servir un televisor o un sauna. Y sin ello, ¿que paz podemos encontrar en nuestros seres?

No es mi objetivo desviarme del tema. Retomaré entonces, el intento de la más simple explicación a la fe: El temor a lo desconocido. Gran aspecto, que nos asfixia y nos llena de estas cuestiones a las que pocos logran desafiar.

Todos hemos participado en discusiones donde distintos puntos de vista son expuestos, y déjenme decirles, en los que nunca se llegará a un acuerdo. Y si somos tan superiores a nuestros ancestros, y si tenemos tanta tecnología y comodidad ¿Para qué necesitamos una fuerza mayor e inexplicable, que todo lo controle? Pues con eso queda absorta toda idea de nosotros mismos sentados sobre un pedestal. Pasamos a redimirnos a la misma clase de creencias que los hombres han tenido por siglos y siglos.

¿ Puede la mayoría de la población, durante años haber estado tan equivocada?. La respuesta es que, una vez más no lo podemos saber. No por temor a oponernos a la mayoría, sino por el mero hecho de que el universo siempre ha tenido, y así continuará, sus propios misterios, de los que no somos partícipes, sino efímeros observadores.

Tengo que saber disculparme, ahora sí, por la cantidad de preguntas retóricas que he introducido en este pequeño retazo de papel. Pero como dije en un comienzo:

¿No es el creer que podemos con algo, el que nos hace capaces?

Después de todo, las ganas de ser, nos hace serlo. Aunque superior o inferior tengo que integrarme a la clase del ser humano, y así abstenerme a los silencios del mundo y asumir que no tengo respuestas.

Después de todo, el mismo desconocimiento es la respuesta.

Después de todo, esto es sólo una reflexión.

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